Especialistas en salud advierten que, además de la genética, los hábitos diarios influyen de forma importante en la velocidad con la que envejece el organismo. Entre las conductas que más afectan la salud destacan dormir mal, llevar una alimentación poco variada y mantener niveles elevados de estrés durante largos períodos.
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El primer hábito es no dormir lo suficiente o tener horarios de descanso irregulares. La falta de sueño puede alterar el metabolismo, aumentar la inflamación, favorecer la acumulación de grasa y elevar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, además de provocar fatiga, dificultad para concentrarse e irritabilidad.

Otro factor es consumir siempre los mismos alimentos, aunque sean saludables. Los expertos señalan que una dieta variada aporta diferentes vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra, elementos esenciales para mantener un microbioma saludable, fortalecer el sistema inmunológico y preservar la función cerebral con el paso de los años.
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El estrés crónico también acelera el envejecimiento. Cuando se mantiene durante mucho tiempo, aumenta los niveles de cortisol y puede afectar la salud física y mental, favoreciendo problemas como hipertensión, agotamiento, depresión y trastornos del sueño.

Para promover un envejecimiento saludable, los especialistas recomiendan mantener horarios regulares de descanso, seguir una alimentación equilibrada y diversa, realizar actividad física de forma constante y adoptar estrategias para controlar el estrés, como caminar, practicar ejercicios de respiración y dedicar tiempo al descanso.
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Los especialistas también aconsejan evitar el sedentarismo, ya que permanecer muchas horas sentado puede afectar el metabolismo y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas. Incorporar ejercicios de fuerza, distribuir adecuadamente el consumo de proteínas durante el día y mantenerse físicamente activo son medidas que ayudan a conservar la masa muscular, la salud ósea y una mejor calidad de vida con el paso de los años.




