El consumo regular de ajo puede aportar beneficios para la salud del hígado, especialmente por sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. Sin embargo, especialistas advierten que no cura ni previene por sí solo el hígado graso, sino que sus efectos son más favorables cuando forma parte de una alimentación saludable y un estilo de vida equilibrado.

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Diversos estudios sugieren que compuestos presentes en el ajo, como la alicina y el disulfuro de dialilo, pueden ayudar a reducir la inflamación, el estrés oxidativo y la acumulación de grasa en el hígado, principalmente en personas con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD). No obstante, los expertos aclaran que estos beneficios se observan tras un consumo constante durante varias semanas y no representan un tratamiento para la enfermedad.

Los especialistas también desaconsejan las llamadas dietas o productos de «desintoxicación», ya que el hígado sano realiza naturalmente esa función y algunos suplementos pueden incluso provocar daño hepático. Además, recomiendan consultar con un profesional de la salud antes de consumir suplementos de ajo, especialmente si la persona toma anticoagulantes u otros medicamentos, debido a posibles interacciones.

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Asimismo, los nutricionistas señalan que la mejor estrategia para prevenir o controlar el hígado graso incluye mantener un peso saludable, realizar actividad física de forma regular y seguir una dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables. En este contexto, el ajo puede ser un complemento beneficioso dentro de una alimentación balanceada, pero nunca debe sustituir el tratamiento médico ni las recomendaciones de los profesionales de la salud.