La historia de Nicaragua no puede contarse a partir de un solo acontecimiento ni de un único protagonista. A lo largo de más de un siglo, distintas generaciones participaron en episodios que ocuparon un lugar relevante dentro de la historia del país. José Dolores Estrada, Andrés Castro, Rubén Darío, Benjamín Zeledón, Augusto C. Sandino y Rigoberto López Pérez pertenecieron a épocas diferentes y enfrentaron circunstancias propias de su tiempo. Sin embargo, todos tuvieron una misma causa: la defensa de la soberanía nacional. Desde el campo de batalla, la literatura o la acción política, cada uno escribió un capítulo de esa historia que comenzó con la Guerra Nacional de 1856, continuó con el legado de Rubén Darío, siguió con los acontecimientos de 1912, la resistencia encabezada por Sandino entre 1927 y 1933, llegó hasta los sucesos políticos de 1956 y la lucha por la defensa de la soberanía sigue en estos nuevos tiempos.

El recorrido histórico comienza con el general de división José Dolores Estrada Vado, nacido el 16 de marzo de 1792 en Nandaime. Desde muy joven participó en los movimientos libertarios de 1811 y al año siguiente defendió la ciudad de Granada frente a las fuerzas coloniales españolas. Con el paso de los años fue ascendiendo por méritos propios dentro del Ejército hasta asumir importantes responsabilidades militares. Durante la guerra civil entre legitimistas y democráticos volvió a participar en la defensa de Granada y, cuando William Walker se apoderó del país, se negó a aceptar cualquier entendimiento con los filibusteros. En abril de 1856 firmó el Acta de Matagalpa junto a otros jefes patriotas, mediante la cual ratificó la decisión de continuar la lucha por la independencia nacional.

Cinco meses después dirigió la defensa de la Hacienda San Jacinto al mando de un contingente muy inferior al enemigo, logrando rechazar a las tropas filibusteras el 14 de septiembre de 1856. Aquella victoria fue seguida por nuevos combates en Masaya y Granada hasta la expulsión definitiva de William Walker en 1857. En 1863 salió al exilio en Costa Rica por diferencias políticas con el presidente Tomás Martínez y regresó a Nicaragua cinco años después, tras recibir una amnistía que le permitió reincorporarse al Ejército como general de división. Falleció en Managua el 12 de agosto de 1869 y, más de un siglo después, la Asamblea Nacional lo declaró Héroe Nacional.

Entre los hombres que combatieron bajo el mando de José Dolores Estrada en la Batalla de San Jacinto se encontraba el sargento primero Andrés Castro Estrada. Nacido en Managua en 1831, provenía de una familia campesina y había ingresado al Ejército pocos años antes de la guerra. En el combate del 14 de septiembre realizó la acción por la que sería recordado en la historia de Nicaragua. Cuando un filibustero logró cruzar la trinchera y su carabina ya no podía disparar, tomó una piedra del suelo y se la estampó en la cara, derribándolo de inmediato. El propio José Dolores Estrada relató esa acción en el parte oficial de guerra, donde describió la valentía del sargento primero. Andrés Castro resultó herido en la batalla, sobrevivió al enfrentamiento, formó posteriormente una familia y falleció en 1876. Más de un siglo después fue declarado Héroe Nacional. Desde entonces, Andrés Castro continúa siendo recordado por la acción que protagonizó en la defensa de San Jacinto, uno de los hechos más representativos de la Guerra Nacional.

Mientras José Dolores Estrada y Andrés Castro defendían la soberanía de Nicaragua en el campo de batalla, años más tarde otro nicaragüense hizo lo propio desde la literatura y el pensamiento. Rubén Darío, nacido en Metapa el 18 de enero de 1867 y reconocido universalmente como el máximo exponente del modernismo, convirtió buena parte de su obra periodística, ensayística y poética en una defensa de la independencia de los pueblos y del derecho de cada nación a decidir su propio destino. En escritos como Viaje a Nicaragua e Intermezzo tropical, El triunfo de Calibán, A Roosevelt y PAX, evocó la invasión filibustera de William Walker, denunció las pretensiones expansionistas de Estados Unidos y advirtió sobre los peligros de la injerencia extranjera en Nicaragua y en América Latina. En varios de esos textos y poemas también sobresalen un marcado sentimiento nacionalista y una firme crítica al expansionismo imperialista, rasgos que identifican una parte importante de su pensamiento literario y político. Falleció en León el 6 de febrero de 1916 y, un siglo después, la Asamblea Nacional también lo declaró Héroe Nacional y Prócer de la Independencia Cultural de la Nación, reconocimiento que reafirmó la dimensión histórica, literaria y patriótica de su legado.

Con el paso de los años, Nicaragua volvió a enfrentar una nueva agresión militar de Estados Unidos. Fue entonces cuando Benjamín Francisco Zeledón Rodríguez asumió un papel decisivo. Nacido el 4 de octubre de 1879 en La Concordia, Jinotega, se formó como abogado y desempeñó funciones judiciales y públicas antes de incorporarse a la vida militar. En 1912 encabezó la resistencia frente a las tropas estadounidenses y combatió en Tipitapa, Managua, Masaya, La Barranca y El Coyotepe. Aunque combatió contra un enemigo que reunía más hombres, disponía de mejor armamento y contaba con mayores recursos, continuó la lucha en uno de los momentos más difíciles que atravesaba Nicaragua.

Los últimos días del general Benjamín Zeledón forman parte de los episodios más significativos de nuestra historia. El 3 de octubre de 1912 escribió una carta dirigida a su esposa Esther, en la que reafirmó su decisión de continuar la lucha hasta las últimas consecuencias. Un día después murió en las cercanías de Catarina, durante los enfrentamientos posteriores a la caída de las tropas que encabezaba. Diversos testimonios históricos relatan que su cadáver fue arrastrado públicamente como escarmiento, pero aquella escena terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de la dignidad y el patriotismo de los nicaragüenses.El joven Augusto C. Sandino presenció el paso del cuerpo del general Zeledón, un hecho que con los años sería relacionado con la formación de su pensamiento. Décadas después, el Parlamento lo declaró Héroe Nacional, reconocimiento que reafirmó el lugar que ocupa entre las figuras más representativas de la defensa de la soberanía de Nicaragua.

Pero, la muerte del general Benjamín Zeledón no puso fin a la lucha por la soberanía nacional. Quince años después, esa misma causa volvería a encontrar un nuevo protagonista en Augusto C. Sandino. Nacido en Niquinohomo el 18 de mayo de 1895, decidió enfrentar la intervención militar en Nicaragua encabezada por los marines estadounidenses. Cuando otros jefes militares aceptaron el Pacto del Espino Negro y acordaron el desarme de las fuerzas que participaban en la guerra constitucionalista, Sandino interpretó esa decisión como una renuncia a la soberanía nacional y se negó a entregar las armas. Por el contrario, reunió a un pequeño grupo de combatientes que más tarde daría origen al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. Desde las montañas del norte encabezó la resistencia armada hasta 1933.

A lo largo de esos años se libraron numerosos enfrentamientos en Las Segovias, mientras el Ejército Defensor fortalecía su organización y mantenía la lucha contra los yanquis y la Guardia Nacional. Después de casi seis años de combates, la ocupación militar llegó a su fin con la retirada de los marines el 1 de enero de 1933, hecho que abrió el camino al Convenio de Paz, firmado el 2 de febrero de ese mismo año con el gobierno del presidente Juan Bautista Sacasa.

Aunque el Acuerdo de Paz puso fin oficialmente a la guerra, la tranquilidad duró poco. El 21 de febrero de 1934, tras asistir a una reunión en Casa Presidencial con el presidente Juan Bautista Sacasa, Sandino fue capturado junto a los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor por órdenes de Anastasio Somoza García. Horas más tarde, Somoza ordenó su magnicidio y sus restos nunca fueron localizados. Además de su actuación militar, dejó una importante producción documental, entre ella el Manifiesto a los pueblos de la Tierra, firmado en Wiwilí el 20 de marzo de 1933, donde abordó la soberanía, la intervención extranjera y la unidad latinoamericana. Tiempo después, fue declado Héroe Nacional, y su legado inspiró el surgimiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional, organización que retomó su nombre y su bandera histórica.

La cronología de estos acontecimientos históricos y políticos concluye con la figura de Rigoberto López Pérez. Originario de León, nació el 13 de mayo de 1929 y desde muy joven desarrolló interés por la literatura, la poesía y por los acontecimientos políticos de su tiempo. Estudió en el Hospicio San Juan de Dios y posteriormente en la Escuela de Comercio Silviano Matamoros. Durante la década de 1950 residió en El Salvador, donde estrechó relaciones con opositores al gobierno de Anastasio Somoza García y, junto con Edwin Castro Rodríguez, Cornelio Silva y Ausberto Narváez, preparó la acción que lo inmortalizaría el 21 de septiembre de 1956. Ese día ingresó a una actividad política realizada en la Casa del Obrero de León, ajustició al dictador Anastasio Somoza García y fue acribillado por miembros de la Guardia Nacional que custodiaban al dictador. Somoza fue trasladado a un hospital militar en la Zona del Canal de Panamá, donde falleció ocho días después a consecuencia de las heridas.

La carta testamento dirigida a su madre constituye uno de los documentos más conocidos de su legado. En ella explicó las razones de su decisión y dejó constancia de la manera en que entendía su deber con la patria. Años más tarde, La Asamblea lo declaró Héroe Nacional y su nombre quedó inscrito entre los episodios más relevantes de la historia política de nuestro país.

Hoy, la Copresidenta, Compañera Rosario Murillo, y el Copresidente, Comandante Daniel Ortega, honran el legado de estos héroes que entregaron su vida por Nicaragua. Asimismo, expresan su rechazo a las amenazas intervencionistas y a la injerencia extranjera que, pretende arrodillar y someter a la nación. En ese sentido, la Compañera Rosario y el Comandante Daniel defienden y mantienen en alto la bandera de nuestros héroes con el propósito de garantizar la paz, la libertad, la independencia y la soberanía de esta patria sandinista, cristiana, socialista y solidaria.