La salud intestinal y el estado de la piel están relacionados a través de lo que los especialistas denominan eje intestino-piel, una comunicación en la que participan la microbiota, el sistema inmunológico y las barreras del organismo. Cuando existe un desequilibrio de las bacterias intestinales, puede aumentar la inflamación y favorecer problemas como acné, rosácea, dermatitis atópica y psoriasis.

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De acuerdo con especialistas, algunos cambios en la piel pueden ser señales de un desequilibrio general, especialmente cuando aparecen junto con molestias digestivas. Entre ellos se encuentran brotes frecuentes, enrojecimiento persistente, sensibilidad, sequedad, pérdida de luminosidad, cicatrización lenta y signos de envejecimiento prematuro. Sin embargo, estos síntomas por sí solos no permiten confirmar que exista un problema intestinal.

La alimentación desempeña un papel importante. Una dieta con abundantes ultraprocesados, azúcares refinados y grasas de baja calidad puede favorecer la inflamación y alterar la microbiota. En cambio, consumir frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y alimentos fermentados aporta fibra y nutrientes que contribuyen al bienestar intestinal.

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Los expertos también destacan otros factores que pueden afectar tanto al intestino como a la piel, entre ellos dormir poco, mantener altos niveles de estrés, llevar una vida sedentaria, fumar, consumir alcohol en exceso y utilizar antibióticos sin necesidad. Por ello, recomiendan complementar una alimentación equilibrada con ejercicio, descanso adecuado, manejo del estrés y protección solar.

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Las investigaciones más recientes exploran además una conexión más amplia, conocida como eje cerebro-intestino-piel, que estudia cómo el estrés, la microbiota y la inflamación pueden influir en distintas enfermedades cutáneas. Aunque la evidencia continúa desarrollándose, los estudios apuntan hacia un enfoque integral en el que cuidar la salud intestinal también forma parte del bienestar general y del cuidado de la piel.