El Centro de Predicción Climática de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) informó este jueves que el fenómeno climatológico El Niño tiene un 69% de probabilidad de ser el más intenso desde 1950, con efectos que podrían extenderse por todo el planeta.

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La NOAA elevó su pronóstico tras detectar que el fenómeno, que se ha manifestado desde junio, se fortaleció durante el último mes, alcanzando temperaturas que superan los dos grados centígrados en la superficie del Pacífico oriental y alcanzan hasta 10 grados bajo la superficie.

Los modelos informáticos coinciden, casi por unanimidad, en que El Niño alcanzará su punto máximo a finales del otoño y principios del invierno con una intensidad mayor a la prevista. La NOAA estima que superará al histórico super-El Niño de 1982-1983, que ostentaba el récord, con anomalías de 2.5 grados por encima de la media en un periodo de tres meses.

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«Se trata de un fenómeno verdaderamente extraordinario», afirmó Daniel Swain, climatólogo de la Universidad de California. «Ya nos encontramos en niveles que igualan o superan los récords históricos, y se espera que las cifras se disparen», señaló.

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El organismo climático utiliza ahora el índice oceánico de El Niño relativo (RONI), que descuenta la tendencia de calentamiento de fondo en los océanos tropicales. Incluso con ese ajuste, el episodio actual es calificado de inédito. «Nunca antes se había registrado un El Niño de tal intensidad, ni tampoco uno tan potente en un contexto climático tan cálido», advierten los expertos.

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El calentamiento del Pacífico central y oriental transfiere calor a la atmósfera, provocando sequías en Indonesia y Australia, así como inundaciones en partes de Sudamérica. Los especialistas consideran que la combinación con el calentamiento global hace impredecibles las repercusiones, que podrían agravar la intensidad de olas de calor y otros desastres.

Recientemente, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó los registros récord de calor en el mes de julio.

En Estados Unidos, el fenómeno implica condiciones más secas y un invierno más cálido de lo usual, con lluvias y posibles inundaciones en la franja meridional, desde California hasta Florida. Los vientos de El Niño también aumentan la probabilidad de ciclones tropicales en el Pacífico, donde se prevén hasta 22, mientras reducen la de huracanes en el Atlántico, con un máximo de 13 tras la rebaja del 6 de agosto.

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Los meteorólogos de la NOAA advirtieron, no obstante, que la intensidad récord no garantiza efectos más severos en todas las zonas habitualmente afectadas, aunque sí aumenta la probabilidad de que se produzcan durante el otoño y el invierno, cuando la influencia del fenómeno alcanza su punto álgido en el hemisferio norte.