Pese a que la Organización Meteorológica Mundial y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica, han definido el actual episodio de El Niño como un fenómeno sin precedentes recientes, caracterizado por el aumento de las temperaturas oceánicas y terrestres, se considera que el impacto en Nicaragua será limitado.
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Hasta el momento no se ha elaborado un plan de contingencia específico para el sector campesino, lo que implica riesgos de pérdidas agrícolas, posibles desabastecimientos de maíz y frijoles, y presión sobre la canasta básica.
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Las autoridades nacionales han mencionado que la falta de lluvias no ha sido calificada como una emergencia grave y que se prevé un incremento de precipitaciones en septiembre y octubre, asociado a la actividad ciclónica. En este contexto, no se han emitido alertas preventivas ni se han anunciado medidas estatales de mitigación.

Perspectivas para el sector rural
Se describe el fenómeno como una situación que podría beneficiar la producción agrícola si las lluvias aumentan en los próximos meses. Por su parte, en países vecinos, las autoridades optaron por implementar medidas inmediatas ante la posibilidad de afectaciones vinculadas al evento climático.
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Panamá y El Salvador declararon emergencias ambientales frente a posibles afectaciones en medios de vida y seguridad alimentaria, mientras que Honduras movilizó partidas presupuestarias extraordinarias para asistir a municipios vulnerables. Mientras que Nicaragua, hasta el momento no se han anunciado fondos de ayuda ni asistencia técnica para los productores del Corredor Seco.
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Sn embargo las familias campesinas permanecen atentas a la evolución de las lluvias y a las posibles implicancias en la disponibilidad de granos básicos y los precios de la canasta.
El desarrollo del ciclo agrícola dependerá, en gran medida, de cómo avance el comportamiento climático.

