Tomar una taza de café apenas comienza el día es una rutina para muchas personas, pero la cafeína puede tener un efecto temporal sobre la forma en que el organismo procesa la glucosa. Esta respuesta puede ser más relevante en quienes tienen prediabetes, diabetes tipo 2, diabetes gestacional o resistencia a la insulina.
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El café no debe considerarse una bebida perjudicial por sí misma. La evidencia incluso ha relacionado su consumo habitual con un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. La cuestión está en el efecto inmediato que puede producir la cafeína, especialmente cuando se consume antes de desayunar.

Al despertar, el organismo libera hormonas como el cortisol y las catecolaminas, que ayudan a proporcionar energía y pueden provocar un aumento natural de la glucosa. Este proceso, conocido como fenómeno del amanecer, puede ser más difícil de controlar en personas con problemas de sensibilidad a la insulina.
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La cafeína puede reforzar temporalmente esa respuesta al reducir la sensibilidad a la insulina. Como consecuencia, los tejidos pueden captar menos glucosa y los niveles de azúcar en sangre pueden permanecer elevados durante más tiempo después de comer.

Un ensayo realizado con 29 adultos jóvenes encontró un resultado especialmente llamativo. Después de una noche de sueño interrumpido, quienes tomaron unos 300 miligramos de cafeína antes de una prueba de glucosa presentaron una respuesta glucémica aproximadamente 50% mayor que cuando no consumieron café. Sin embargo, los investigadores analizaron una situación concreta y el resultado no significa que todas las personas reaccionen de la misma manera.
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En personas con diabetes tipo 2, algunos estudios también han observado que la cafeína puede elevar la respuesta de glucosa después de una comida y reducir temporalmente la sensibilidad a la insulina. Por ello, quienes tienen alteraciones glucémicas pueden beneficiarse de observar qué ocurre con sus niveles de azúcar después de tomar café.

También es importante distinguir entre el café negro y las preparaciones cargadas de azúcar. Agregar azúcar, jarabes, leche condensada o cremas endulzadas puede aumentar considerablemente la cantidad de carbohidratos de la bebida y contribuir por sí mismo a un incremento de la glucosa.
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Para algunas personas, una medida sencilla puede ser desayunar antes de tomar café, reducir la cantidad de cafeína o elegir una bebida menos concentrada. No es necesario eliminar el café de manera general: la respuesta depende de la cantidad consumida, la alimentación, el descanso y las características metabólicas de cada persona.
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Si una persona con diabetes nota aumentos repetidos de glucosa después de consumir café, lo recomendable es registrar esos cambios y comentarlos con un profesional de salud para determinar si conviene modificar la cantidad o el horario de consumo.

