La recomposición corporal no convierte al músculo en un método rápido para perder grasa. Aunque es cierto que la masa muscular gasta más energía que la grasa en reposo, la diferencia es pequeña y no basta por sí sola para provocar una pérdida de peso significativa. Así lo explican especialistas citados por Women’s Health.
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El desarrollo muscular puede ayudar en el proceso de pérdida de grasa, pero no es el factor principal. El elemento clave sigue siendo mantener un déficit calórico moderado, acompañado de entrenamiento de fuerza, una ingesta adecuada de proteína, descanso suficiente y una forma de medir el progreso que no dependa únicamente del peso en la báscula.

Expertos como el profesor de kinesiología Stuart Phillips, de la Universidad McMaster, advierten que no debe exagerarse el papel del músculo en el adelgazamiento. Según él, el músculo no es el principal motor de la pérdida de peso, aunque sí contribuye de forma indirecta.
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En la misma línea, la investigadora Rachelle Reed señala que la frase “el músculo quema más calorías que la grasa” es cierta, pero simplificada de forma engañosa. En realidad, el gasto es reducido: medio kilo de músculo quema aproximadamente entre 5 y 7 calorías al día, mientras que medio kilo de grasa unas 2 calorías. Esto significa que incluso ganar varios kilos de músculo solo incrementa el gasto diario en unas pocas decenas de calorías.

El beneficio real del músculo no está en acelerar mucho el metabolismo, sino en otros efectos más importantes: ayuda a mantener la masa magra durante una dieta, mejora la sensibilidad a la insulina, facilita el control de la glucosa en sangre y favorece un mejor rendimiento físico y funcional en la vida diaria.
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Además, más masa muscular permite moverse más y con mayor facilidad, lo que incrementa el gasto energético total diario a través de la actividad cotidiana (caminar, subir escaleras, moverse más en general), algo que sí puede tener un impacto acumulativo relevante.

En cuanto a la estrategia para ganar músculo y perder grasa, los expertos recomiendan entrenar fuerza de forma constante (2 a 3 veces por semana), aplicar sobrecarga progresiva, consumir suficiente proteína y evitar dietas demasiado restrictivas que impidan el desarrollo muscular. También se destaca la importancia del descanso, con entre 7 y 9 horas de sueño por noche.
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En conclusión, la pérdida de grasa depende principalmente del déficit calórico, mientras que el músculo actúa como un apoyo importante para mejorar la salud metabólica, la composición corporal y la sostenibilidad del proceso, pero no como un “atajo” para adelgazar.

