La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) afecta a cerca de 60 mil personas en México y puede tardar hasta cinco años en ser diagnosticada debido a que sus síntomas suelen confundirse con otros problemas digestivos.

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Esta enfermedad crónica y autoinmune, que incluye principalmente la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, provoca inflamación en el tracto digestivo. Sus señales más frecuentes son diarrea persistente, dolor abdominal, sangrado rectal, presencia de moco en las heces, cambios en las evacuaciones y urgencia para ir al baño.

Especialistas señalan que el diagnóstico representa un reto porque estos síntomas pueden parecerse a los de padecimientos como el síndrome de intestino irritable, infecciones intestinales, amibiasis o incluso tuberculosis intestinal, una condición especialmente considerada en México.

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Además, algunos pacientes presentan primero síntomas fuera del sistema digestivo, como dolor en articulaciones, inflamación ocular, lesiones en la piel o aftas en la boca, lo que puede retrasar la llegada al especialista adecuado.

El diagnóstico requiere combinar diferentes estudios, entre ellos análisis de sangre y heces, estudios de imagen, endoscopía, colonoscopía y análisis de tejidos. Los médicos advierten que no existe una prueba única para confirmar la enfermedad.

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Aunque la enfermedad inflamatoria intestinal no tiene cura, los tratamientos actuales buscan controlar la inflamación, mantener la remisión y prevenir complicaciones. Los especialistas recomiendan evitar la automedicación y acudir a consulta ante síntomas persistentes para lograr una detección temprana y mejorar la calidad de vida de los pacientes.