Dormir poco no solo provoca cansancio: la ciencia ha encontrado que puede tener efectos directos en el cerebro. Un hallazgo importante muestra que una sola noche sin dormir puede aumentar la acumulación de beta-amiloide, una proteína asociada al Alzheimer, en regiones cerebrales relacionadas con la memoria.
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Un estudio publicado en PNAS observó a adultos sanos tras permanecer despiertos alrededor de 31 horas. Los investigadores detectaron un aumento de hasta un 5% de esta proteína en áreas como el hipocampo, además de cambios en el estado de ánimo. Aunque el incremento es leve y temporal, preocupa porque la beta-amiloide es uno de los principales marcadores tempranos del Alzheimer.

Los especialistas explican que el sueño cumple una función de “limpieza” del cerebro. Cuando se interrumpe o se reduce de forma constante, ese proceso se vuelve menos eficiente, lo que podría favorecer la acumulación progresiva de sustancias relacionadas con el deterioro cognitivo.
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Además, no es solo una cuestión de una noche: dormir menos de las horas recomendadas de forma habitual (entre 7 y 9 horas) se asocia con mayor riesgo de problemas neurológicos a largo plazo. Investigaciones adicionales sugieren que la falta crónica de sueño en la adultez puede incluso duplicar el riesgo de Alzheimer.
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En conclusión, el sueño no es un lujo ni tiempo perdido: es un mecanismo esencial para la salud del cerebro, tanto en el corto como en el largo plazo.



