Una nueva investigación identificó un perfil de depresión relacionado con las alteraciones del sueño y los ritmos circadianos, los ciclos biológicos que regulan los períodos de sueño y vigilia. Los resultados sugieren que las personas con estas características podrían experimentar síntomas más intensos y una respuesta menos favorable a los antidepresivos habituales.

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El estudio, publicado en The British Journal of Psychiatry, analizó datos de 11.380 participantes del Estudio Nacional Australiano de Genética de la Depresión. De ellos, el 23 % fue clasificado dentro del perfil denominado depresión circadiana.

Los investigadores observaron que este grupo presentaba síntomas depresivos desde edades más tempranas, mayor fatiga y dificultades relacionadas con el sueño. Además, aproximadamente el 80 % de las personas clasificadas en este perfil eran mujeres, con una edad media cercana a los 38 años.

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Entre las características más frecuentes se encontraban acostarse y levantarse tarde, experimentar cansancio al despertar, dormir más horas de lo habitual y sentir somnolencia durante el día. También se identificaron diferencias entre los horarios de sueño de los días laborales y los días libres, así como cambios estacionales en el estado de ánimo.

Los participantes con este perfil también comunicaron una respuesta menos favorable a los antidepresivos conocidos como inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN). Sin embargo, los investigadores aclararon que esta conclusión se basó en los testimonios de los pacientes y no en un ensayo clínico diseñado para comparar directamente la eficacia de los medicamentos.

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El análisis también encontró mayores niveles de malestar psicológico, más síntomas físicos asociados a la depresión, mayor ideación suicida y un aumento de peso más pronunciado durante los episodios depresivos en el grupo circadiano. Estos resultados apuntan a una posible relación entre los ritmos biológicos, el metabolismo, el sueño y el estado de ánimo, aunque no demuestran que uno de estos factores sea la causa directa de los demás.

La investigadora Emiliana Tonini, de la Universidad de Sídney, explicó a Nature que los cambios en el ciclo de sueño y vigilia podrían desencadenar o agravar los síntomas depresivos en algunas personas. Entre las situaciones que pueden alterar estos ritmos se encuentran los cambios de horario y las modificaciones importantes en las rutinas, como las que pueden producirse después del nacimiento de un hijo.

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A partir de estos hallazgos, los científicos plantearon estudiar tratamientos que actúen directamente sobre el reloj biológico. Entre las posibilidades mencionaron la fototerapia, que utiliza una exposición controlada a luz brillante, los tratamientos relacionados con la melatonina y la regularización de los horarios de sueño y despertar.

No obstante, los especialistas advierten que todavía es pronto para considerar la depresión circadiana un subtipo biológico independiente o asegurar que responda mejor a tratamientos específicos. Será necesario reproducir los resultados en otras poblaciones y comprobar si esta clasificación permite predecir de manera fiable la respuesta terapéutica.

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Por ahora, los hallazgos abren una nueva vía para investigar cómo influyen el sueño y los ritmos circadianos en la depresión, pero no justifican modificar por cuenta propia los tratamientos prescritos. Cualquier cambio en la medicación debe consultarse con un profesional de salud.