Las frutas, aunque son alimentos saludables, contienen un tipo de azúcar que se metaboliza casi exclusivamente en el hígado: la fructosa. Por esta razón, hay que consumirlas con moderación en general, y conocer cuáles debes evitar para no sobrecargar este órgano.

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El doctor en Microbiología de los Alimentos, Manuel Manzano, explica que cuando el consumo de fructosa es excesivo, las enzimas hepáticas se saturan, lo que facilita la acumulación de grasa en el tejido hepático.

De la gran variedad de frutas que se pueden incluir en la alimentación, hay algunas que, por sus elevados niveles de fructosa, no son las mejores opciones para las personas que tienen hígado graso. Manzano destaca: las frutas deshidratadas: el mango, las uvas y las frutas muy maduras.

  • Frutas deshidratadas

Manzano advierte que los higos, las ciruelas y las pasas no es que tengan una mayor carga de azúcar de por sí, sino que, al estar deshidratados, la fructosa se concentra por unidad de peso. Un puñado de pasas puede contener el triple de azúcares que la misma cantidad de uvas frescas, enviando una carga masiva directo al hígado.

  • Mango y uvas

Los mangos y las uvas tienen un alto índice glucémico por tener un perfil de hidratos de carbono con una altísima presencia de fructosa, siendo de las más complejas para un hígado sensible.

  • Frutas muy maduras

Independientemente de la fruta, el proceso de maduración hace que los niveles de azúcar aumenten, ya que cambia su composición química. Por ejemplo, un plátano verde o firme tiene niveles moderados de azúcar y le sienta bien al organismo. Sin embargo, cuando está muy maduro y blando, sus niveles de fructosa se disparan notablemente, explica.