La enfermera Debbie Griggs, que estaba embarazada de su cuarto hijo, desapareció de su casa de la localidad inglesa de Deal, en el condado de Kent, el 5 de mayo de 1999.

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El documental La desaparición de Debbie Griggs’, estrenado el domingo en la televisión británica, ha generado un amplio debate en Internet y ha llevado a muchos usuarios a retomar el caso, que durante mucho tiempo fue un enigma para la Policía británica.

embarazada

Un detalle fortuito

Después de que el marido de Debbie denunciara su desaparición, la Policía organizó un operativo de búsqueda, pero no logró dar con el paradero de la mujer.

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En 2015, cuando la esperanza de lograr justicia estaba prácticamente perdida, la familia de Debbie vio un artículo sobre casos sin resolver en el condado de Kent y se percataron de que Debbie no figuraba en la lista. Esto llevó a los detectives a sacar el expediente del archivo y tratarlo de nuevo como un caso activo.

«En aquel momento, Debbie figuraba como desaparecida, y su caso había pasado por manos de varios agentes de Policía a lo largo de los años. Mi inspector jefe me preguntó: ‘¿Podrías echarle un vistazo?'», relató Mark Butler, detective de la Unidad de Casos Sin Resolver de la Policía de Kent.

Fue entonces cuando se tomó la decisión de volver a intentar encontrar a Debbie.

Juicio contra el marido

Tras la investigación fue detenido el marido de Debbie, Andrew Griggs, que durante todo ese tiempo había negado su implicación en la tragedia. Sin embargo en 2019 el Tribunal de la Corona de Canterbury lo declaró culpable del asesinato. Fue condenado a cadena perpetua con un mínimo de 20 años de pena efectiva.

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«Solo usted sabe cómo la mató y dónde ocultó su cuerpo. El jurado lo ha declarado culpable basándose en las pruebas circunstanciales más contundentes», dijo entonces el juez.

Griggs afirmó que su esposa se enojó con él por haberse quedado dormido en un sillón y que se fue de casa diciendo algo como: «A ver cómo te las arreglas cuidando a los niños las 24 horas del día, los siete días de la semana».

Sin embargo, como señaló el tribunal, Andrew Griggs decidió no llamar a la familia de ella ni intentar averiguar dónde estaba.

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Una de las pruebas fue una mancha de sangre característica en el maletero del coche. Mediante peritajes se estableció que se trataba de la sangre de Debbie.

El tribunal también examinó el diario de la mujer. En sus anotaciones, ella describía cómo la relación con su marido se estaba deteriorando. La víctima subrayaba que él no estaba en casa todas las noches, dejándola sola con los niños.

Desde finales de 1998, Debbie estaba preocupada por la relación de su esposo con una niña de 14 años. La jueza recalcó que no dudaba de que Andrew mantenía con la menor una relación sexual.

Evitar el castigo

En 2019, el hijo de Debbie y Andrew acudió a visitar a su padre en prisión. Entonces, el asesino le confesó que los restos de su madre habían sido sellados en un bidón y enterrados bajo la base de hormigón de la nueva casa familiar.

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En esa misma ocasión, Andrew le pidió a su hijo que desenterrara el cadáver, le cortara un mechón de pelo y lo enviara por correo al Reino Unido desde el extranjero para crear la apariencia de que Debbie seguía viva fuera del país.

Pero el hijo informó de lo ocurrido a la Policía. En 2025, Andrew fue condenado a tres años adicionales de prisión por intentar «evitar el castigo por el asesinato».

«Eso demuestra hasta qué punto usted es taimado, astuto y narcisista, y muestra hasta dónde está dispuesto a llegar para eludir la responsabilidad por el asesinato de su esposa», declaró entonces la jueza.

El hallazgo de los restos

En 2022 la Policía recibió información de que los restos de Debbie podían encontrarse en el patio de una casa en la ciudad de Saint Leonards, en el condado de Dorset, adonde Andrew se mudó con tres hijos y su nueva esposa.

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En el bidón se hallaron restos humanos, incluidos fragmentos de dientes, gracias a los cuales se logró identificar a la víctima. También encontraron la ropa que Andrew Griggs llevaba el día del asesinato, además de una manta, una almohada y el revestimiento del maletero del coche.

Como contó posteriormente la hermana de la víctima, Wendie Rowlinson, Andrew no solo mató a Debbie y ocultó sus restos, sino que más tarde los trasladó a su nueva casa.