Las autoridades brasileñas rescataron a una mujer que durante 55 años cumplió con un intenso e ininterrumpido trabajo doméstico con una familia que la mantuvo encerrada, sin acceso a educación, salario, vacaciones ni prestaciones sociales, reveló el portal G1.

Según el reporte, la madre de la víctima la entregó cuando tenía siete años con la familia que, desde ese momento, la explotó laboralmente durante tres generaciones en las que, entre sus muchas obligaciones, se dedicó a cuidar a los niños. Su hermana también fue cedida para el servicio, pero escapó cuando era adolescente.

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Los hechos, que demuestran la vigencia de la esclavitud en el país sudamericano, ocurrieron en la ciudad de Eusebio, ubicada en la región metropolitana de Fortaleza, en donde, gracias a una llamada anónima, la Auditoría Fiscal del Trabajo (AFT) descubrió un caso que ha conmocionado al país porque implica «una grave violación de la dignidad humana».

Hasta el momento se sabe que la mujer, que hoy ya tiene 62 años, comenzaba a trabajar a las 4:30 de la mañana, ya que debía cocinar el desayuno de la familia y preparar a los niños para que fueran a la escuela. El resto de la jornada se dedicaba a limpiar, cocinar para todos y cuidar a los menores. No tenía ningún día libre.

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Los patrones jamás dejaron que la mujer estudiara, ni descansara, ni socializara con otras personas. De hecho, es tal su vulnerabilidad que todavía hoy permanece en la casa en la que la esclavizaron, ya que le teme al mundo exterior, no sabe moverse por la ciudad, no sabe leer ni escribir, no tiene amigos, familiares ni cuenta bancaria. Por eso, las autoridades están llevando a cabo una estrategia para que en los próximos meses pueda adaptarse a otras condiciones de vida e independizarse.

La auditoria de la AFT, que coordina el rescate de las personas esclavizadas en Brasil, concluyó que, durante más de cinco décadas, la víctima fue sometida a la ausencia de remuneración, dependencia económica, privación de oportunidades educativas y permanencia continua en el mismo núcleo familiar desde la infancia. Por lo tanto, jamás tuvo ingresos ni autonomía financiera.

Primeros pasos

Al analizar todas las irregularidades cometidas, los auditores estimaron que la familia debe 1,5 millones de reales (unos 195.000 dólares) por salarios, vacaciones, horas extras impagas e indemnización. Únicamente se tomó en cuenta el trabajo que la mujer realizó a partir de 2014, ya que implicó su último destino con la tercera generación de la familia y las leyes laborales brasileñas solo permiten que el cálculo de incumplimiento se realice con un empleador.

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Esto significa que solo se tomaron en cuenta 12 de los 55 años que estuvo al servicio de una familia hoy encabezada por Paulo Martins Brasil y Aurora Dalva Bastos de Alencar, ambos retirados; su hijo, el abogado Paulo Martins Filho; el veterinario Tiago Silva Andrade y su esposa, Zaamarah Alencar Brasil Andrade; y la funcionaria pública Nayarah Alencar Brasil Magalhães.

Los acusados ya aceptaron un acuerdo para regularizar los pagos de la seguridad social de la mujer durante los últimos 12 años; pagarle una primera indemnización de 50.000 reales (9.700 dólares) en 10 cuotas mensuales; comprarle una vivienda, muebles y electrodomésticos y costear su jubilación.

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Sin embargo, rechazan los cargos. «La familia niega rotundamente las acusaciones lanzadas hasta ahora, que no muestran la relación de convivencia, cuidado y afecto construida durante décadas con la mujer implicada. También lamenta que se hayan hecho públicos juicios apresurados», señalaron sus abogados en un comunicado.

También afirmaron que sí le pagaban y tenía «vacaciones regulares», un seguro con cobertura médica y dental privada y que cubrían las cuotas de la seguridad, a pesar de que la auditoría demostró lo contrario.