Decir que el agua es indispensable para el organismo ya no parece suficiente para la ciencia. Investigadores evalúan la posible influencia que podría tener el hábito de tomar agua sobre cómo tu cuerpo responde al estrés.
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Y aunque beber un vaso de agua no elimina la ansiedad ni resuelve los problemas cotidianos, un estudio publicado en Journal of Applied Physiology sugiere que mantenerse bien hidratado puede contribuir a que la respuesta fisiológica al estrés sea menos intensa.
Expertos en fisiología y medicina coinciden en que la hidratación no debe considerarse un tratamiento contra el estrés. Sin embargo, evitar la deshidratación sí puede ayudar a que el organismo funcione de manera más eficiente cuando enfrenta situaciones de presión emocional o psicológica.
La relación entre el agua y el cortisol, hormona del estrés
Los resultados de la investigación no señalan que el agua actúe como un calmante natural, sino que mantener un adecuado equilibrio de líquidos podría ayudar al organismo a no añadir una carga fisiológica adicional cuando ya enfrenta un desafío emocional.
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Cuando una persona percibe una amenaza o una situación estresante, entra en acción el llamado eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, un sistema encargado de coordinar la liberación de cortisol.
Esta hormona cumple funciones esenciales para la supervivencia, ya que prepara al cuerpo para responder rápidamente ante el peligro. Sin embargo, cuando sus niveles permanecen elevados durante largos periodos, pueden favorecer problemas como alteraciones del sueño, aumento de la presión arterial, dificultades de concentración y mayor riesgo de ansiedad.
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Los investigadores creen que la hidratación influye en este proceso porque la falta de agua representa un estrés físico para el organismo.
Cuando el cuerpo no recibe suficiente agua, disminuye el volumen de sangre y aumenta su concentración de sales y otras sustancias. Para compensarlo, el organismo libera hormonas como la vasopresina, cuya función es conservar líquidos reduciendo la producción de orina.
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Desde el punto de vista biológico, esta situación ya representa una condición de estrés. Si además aparece un problema emocional, el cuerpo debe responder a dos desafíos al mismo tiempo: la deshidratación y el factor psicológico.
Los expertos consideran que esta combinación puede provocar una liberación más intensa de cortisol en comparación con una persona que mantiene una hidratación adecuada.
El cerebro también depende del agua
El cerebro está compuesto aproximadamente por un 73% de agua, por lo que incluso pérdidas leves de líquidos pueden afectar su funcionamiento.
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Diversas investigaciones han relacionado la deshidratación con síntomas como fatiga, irritabilidad, dificultad para concentrarse, menor rendimiento cognitivo e incluso cambios en el estado de ánimo.
Por esa razón, muchos médicos recomiendan mantener una ingesta adecuada de líquidos durante el día, especialmente en épocas de calor, durante el ejercicio físico o cuando se realizan actividades que demandan un mayor esfuerzo mental.
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En definitiva, los especialistas aclaran que beber agua, por sí solo, no elimina el estrés ni trata los trastornos de ansiedad. Factores como la calidad del sueño, la actividad física, una alimentación equilibrada, las técnicas de relajación y el apoyo psicológico continúan siendo fundamentales para cuidar la salud mental.
