«Las huellas de las personas que caminaron juntas, nunca se borran». Proverbio africano.
A las 72 horas de llegar a África aquel 2 de octubre de 2014, un enfermero cubano se complicó gravemente de paludismo fulminante y seguidamente un médico cubano se contagió con Ébola.
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Dos trabajadores cubanos de la salud fallecieron durante aquella cruzada por llevar la salud al sufrido pueblo africano. Uno en Guinea Conakry y otro en Sierra Leona, a causa de enfermedades endémicas que provocan una alta mortalidad en el continente africano: paludismo o malaria. El doctor Félix Báez, el único contagiado con epidemia del Ébola, logró vencerla en la unidad de terapia intensiva del Hospital Universitario de Ginebra a donde fue trasladado.

En aquel momento África Occidental era el centro de la funesta noticia que tenía al mundo el mundo en ascuas. Una enfermedad «misteriosa» comenzó a propagarse en una pequeña aldea de Guinea el 26 de diciembre de 2013, pero no fue identificada como Ébola hasta el 21 de marzo de 2014.
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Sierra Leona, Liberia y Guinea Conakry fueron azotadas por una epidemia de Ébola, que acababa con la vida de cientos de personas y existía riesgo inminente de que la enfermedad traspasara rápidamente las fronteras.
Tras un llamado a unir esfuerzos para controlar la enfermedad y evitar su expansión, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) convocaron a todos los países. A pesar del riesgo, Cuba estuvo entre los primeros países en dar su respuesta solidaria, como muestra de la más alta expresión de humanismo y desinterés.

Los médicos cubanos ya han descrito páginas imborrables en más de 165 países, con 2 300 millones de consultas especializadas, que han salvado a millones de personas. En aquella ocasión, viajaron a África conscientes de que el virus oculto podría estar en las manos y saliva de aquellas personas, con las cuales entrarían en contacto en breves minutos. Los invadía el estrés, unido a muchas interrogantes; pero ahí estuvieron, frente a la mortal y contagiosa epidemia.
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Mientras se esforzaban en un riguroso entrenamiento, llegó a ellos un mensaje del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Aquellas palabras -dijeron los médicos cubanos- fueron un estímulo extraordinario para todos los que estaban en el frente de combate contra el virus, por lo que reforzaron su compromiso humanista y altruista:
“Cualquier persona consciente sabe que las decisiones políticas que entrañan riesgos para el personal, altamente calificado, implican un alto nivel de responsabilidad por parte de quienes los exhortan a cumplir una peligrosa tarea (…) El personal médico que marcha a cualquier punto para salvar vidas, aun a riesgo de perder la suya, es el mayor ejemplo de solidaridad que puede ofrecer el ser humano, sobre todo cuando no está movido por interés material alguno. Sus familiares más allegados también aportan a tal misión una parte de lo más querido y admirado por ellos. Un país curtido por largos años de lucha puede comprender bien lo que aquí se expresa”, dijo Fidel.

Grave escenario epidémico
En el aeropuerto Aeropuerto Internacional de Freetown (antiguamente de Lungi), los esperaban Jorge Lefebre Nicolás, el embajador de Cuba en Ghana y concurrente en Sierra Leona, junto a las autoridades del ministerio de Salud local. Llegaron a la capital de Sierra Leona, en África Occidental, después de una travesía de tres horas por carretera en cinco ómnibus. Los recibió un poblado rodeado de montañas y un fatídico aire desolador.
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La impresión de los médicos fue de un ambiente lúgubre. Controles policiales y sanitarios en cada tramo de la carretera. Poblados desiertos con todas las instituciones escolares, gubernamentales y negocios clausurados, así como severas regulaciones para el escaso funcionamiento de pocos centros comerciales disponibles. Las personas inseguras caminaban por las calles y los muertos estaban depositados en la puerta de las casas, mientras los familiares esperaban porque fueran recogidos.

Todo presagiaba un escenario epidémico muy grave y difícil de controlar, cuando llegaron los cubanos como parte del Contingente internacional de médicos especializados en situaciones de desastre y graves epidemias “Henry Reeve”. Esta brigada fue fundada en 2005, tras el drama del huracán Katrina que inundó la ciudad de Nueva Orleáns, causando la muerte a miles de ciudadanos estadounidenses.
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Días antes de la llegada a África, el ministro de Salud Pública de Cuba, Dr. Roberto Morales Ojeda, visitó la sede de la OMS en Ginebra, con el objetivo de precisar detalles administrativos y de logística para el envío y desplazamiento de la primera Brigada Médica Cubana a Sierra Leona. “Nuestros profesionales pueden trabajar armoniosamente con profesionales de otras latitudes, incluyendo los de Estados Unidos de América”, afirmó ante la Directora General de la organización, Dra. Margaret Chan.
Mientras esto sucedía, los médicos y enfermeros cubanos realizaban acciones prácticas en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) en La Habana, para adiestrarse en el uso de los medios de protección personal y algo tan importante como el vestido y desvestido, teniendo en cuenta de que ni los docentes habían estado en las zonas del brote epidémico.
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Digamos que el único acercamiento a aquella remota realidad, fue la demostración de un médico y dos enfermeros de una universidad estadounidense, contratados por la OMS, que visitaron en el distrito de Kenema en la provincia del Este, un centro de Observación y Tratamiento de enfermos con Ébola. De todas formas, aquel médico fue recibido como un héroe, aunque estuvo una vez y solamente durante una hora junto a los enfermos.

Cuán lejos estábamos de imaginar que nosotros estaríamos cientos de horas atendiendo y curando, con humanidad y amor, a los enfermos y en muchos casos asistiéndolos durante su muerte, para que esta fuera digna, como pedía la Dra. Chan (…) Cuando descendimos del avión y bajamos el equipaje y la carga que nos acompañaba, una extraña sensación nos embargó. Pensábamos, calladamente, que entrábamos a un escenario desconocido, letal, lleno de incógnitas. Ningún profesional cubano había enfrentado una situación similar’, confesó el Dr. Felipe Delgado Bustillo.
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Resultaron muy útiles para la historia, las impresiones de este médico: ‘Trataré de narrar cuál fue el escenario donde habíamos llegado y qué se hizo. El país: pobre, subdesarrollado, colmado de inequidades y desigualdades, donde las determinantes sociales fueron favorecedoras de que ahí y en las dos naciones vecinas, se desencadenara la mortal y contagiosa epidemia’.
‘El analfabetismo y la incultura, que son el sustrato de la ignorancia, el desempleo, la ruralidad de pobreza extrema, la falta de electricidad y de agua potable, la desnutrición, la falta de caminos y un pobre e ineficiente sistema de salud, se conjugaron para dar paso al brote y su propagación. Como nos dijo el jefe de la brigada médica: hemos llegado al país del 70 %, es decir, el 70 % no disfrutan o alcanzan los indicadores de desarrollo humano básicos’.
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‘En cuanto al Sistema de Salud puedo decir que estaba desorganizado y desarticulado, con escasos recursos humanos, muchos médicos y enfermeras y enfermeros habían desaparecido víctimas de la enfermedad, casi no existían facilidades sanitarias para ingresar a los enfermos para someterlos a observación y tratamiento’, continuó el Dr. Delgado Bustillo.

Entretanto, múltiples Organizaciones no Gubernamentales que llegaron al país, unían voluntades con otras entidades, sin embargo, las circunstancias reales dieron lugar al inevitable caos inicial, por lo que costaba trabajo poner orden y ‘establecer estándares en cuanto a conductas y procederes médicos. En medio de esa refriega nos insertamos para cumplir la misión asignada, y la dirección de la brigada desempeñó un sabio y oportuno papel como interlocutor entre tantos poderes e intereses’.
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El hotel Mariam sería el “cuartel general” de la brigada cubana, alojada en cuatro modestos hoteles de la periferia de esa ciudad. Lo especialistas de la OMS ofrecían conferencias y conducían las prácticas ‘en frio’ hasta para el lavado de las manos, como elemento físico de transmisión o para evitar el auto contagio.
La antigua Escuela de la Policía en la zona de Waterloo -zona roja de los Centros de Observación y Tratamiento (COT)- fue el primer lugar donde se expusieron los doctores cubanos: Felipe Delgado Bustillo, Manuel Seijas y Rotceh Hernández. Les correspondía determinar los riesgos biológicos existentes y recomendar las medidas necesarias.
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‘Será inolvidable la imagen de varios cadáveres amontonados en el piso del primer centro visitado y en colindantes camastros de lona, ver otros en estado agónico’; narró el doctor como primera impresión.
Poco a poco se fue organizando la asistencia, con la creación de nuevos Centros de Observación y Tratamiento (COT), así como varios laboratorios creados al efecto -donde sólo había uno- que fueron ubicados en diversas zonas del país.
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Tras el rápido diagnóstico, las medidas de prevención y control de carácter anti epidémico, se fueestabilizando la grave situación, por lo que para noviembre y diciembre ya se apreciaba la disminución de los pacientes ingresados y las muertes en los COT. Los profesionales cubanos trabajaron en cinco Centros de Observación y Tratamiento, vinculados a personal nativo y extranjero, contribuyendo a reducir drásticamente la letalidad.

Técnicamente nuestra gente introdujo la hidratación intravenosa, una práctica que no se realizaba por el riesgo que conllevaba, con el contacto extremo con los enfermos. Lo habitual era la vía oral, pero el vómito, uno de los signos más frecuentes de la enfermedad, lo impedía. Recuerdo el llamado que hizo un pediatra de Estados Unidos a nuestra brigada en Port Loko, para que su enfermero neonatólogo canalizara una vena a un recién nacido’.
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‘La OMS asumió los gastos de transporte, alojamiento y alimentación. Permanecimos voluntariamente durante seis meses en ese combate contra la muerte y el sufrimiento; colegas de una Organización no Gubernamental (ONG) estadounidense recibían un salario de 76 mil dólares por un periodo de 6 semanas, más 200.00 dólares diarios de viáticos. El lector sacará sus conclusiones’, relató el doctor cubano Felipe Delgado Bustillo.
Finalmente la comunidad internacional reconoció la contribución de Cuba a ese empeño. Gobiernos, revistas, sindicatos, instituciones académicas y ONG de todas las latitudes del mundo, expresaron su respeto por la Isla del Caribe.
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Unos días antes, las autoridades y los responsables de la OMS de dos países africanos, habían homenajeado a los brigadistas. El ministro de relaciones exteriores de Liberia, Augustine Kpehe Ngafuan, en entrevista exclusiva para el equipo de prensa de Cuba que reportó el hecho, enfatizó: “A los médicos cubanos no les importó el riesgo, decían que eran hermanos del otro lado del océano y vinieron a ayudarnos como hermanos”.
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El embajador cubano, Jorge Lefebre, recordaba en estos días las palabras del presidente de Sierra Leona, Ernest Bai Koroma, al conocer que Cuba respondía afirmativamente a su pedido de ayuda: “yo sabía que Cuba no nos iba a dejar solos. Ustedes son fieles a su estirpe, a sus raíces africanas, eso es lo que Fidel les ha enseñado. Dile a Raúl, al pueblo de Cuba, que eso nunca lo vamos a olvidar”, recordó el periodista Enrique Ubieta.

En diciembre de 2016, fue otorgado por la OMS al Contingente “Henry Reeve”, el Premio de Salud Pública Dr. Lee Jong-Wook. En mayo del año siguiente, el ministro de Salud Pública de Cuba, Dr. Roberto Morales Ojeda, lo recibió en la sede de la OMS, Ginebra, en sesión plenaria durante la reunión anual de ese organismo.
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«Estoy muy agradecida con la generosidad del gobierno cubano y de estos profesionales de la salud, que harán su parte para ayudar a contener el peor brote de Ébola de la historia. Esta colaboración marcará una diferencia significativa en Sierra Leona», afirmó Margaret Chan, Directora General de la OMS. «Cuba es conocida en el mundo por su capacidad para formar a médicos y enfermeras destacados, así como por su generosidad en ayudar a otros países en su ruta hacia el progreso», añadió Chan.
Los colaboradores de la medicina cubana protagonistas de esta proeza, recibieron la Orden “Carlos J. Finlay”,la más alta distinción en el campo científico que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba. Las experiencias técnicas y profesionales únicasadquiridas en Sierra Leona, Guinea Conakry y Liberia, también fortalecieron el Sistema de Salud cubano.
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Ébola es una ‘voz’ tomada del inglés (de Ebola haemorrhagic fever). Tiene un periodo de incubación (entre la infección y los síntomas) que oscila entre dos y 21 días. Las molestias pueden aparecer de forma repentina: fiebre, cansancio, malestar general, dolores musculares y dolor de cabeza y de garganta. Seguidamente: vómitos, diarrea, dolor abdominal, erupciones cutáneas. Todo ello desencadena en el deterioro de las funciones renal y hepática.
«Casi a diario se identifican casos en nuevas zonas sanitarias, lo que refleja que la magnitud real, es probablemente mayor de lo que se está detectando, así como la alta movilidad de la población»; dijo recientemente el jefe de la Unidad de Epidemiología de la OMS, Olivier le Polain, a la agencia EFE, desde Ituri, ubicado en el noreste de la República Democrática del Congo y donde se encuentra actualmente el mayor foco de la epidemia.
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que el brote de Ébola en la República Democrática del Congo sigue expandiéndose, tanto en número de casos como en extensión geográfica, también prometió que seguirá apoyando al gobierno y a las comunidades afectadas, para detener su avance.
La OMS ha declarado el brote de Ébola como una emergencia de salud pública de importancia internacional, aunque no significa que estemos en las primeras etapas de una pandemia similar a la de la COVID-19.
El brote actual está causado por la rara especie de ébola Bundibugyo, que no se había visto en más de una década. Recibe su nombre del distrito de Uganda donde se detectó por primera vez y ha provocado dos brotes anteriores: en 2007 y 2012. Según un estudio, a consecuencia de este brote fallece un tercio de los infectados, menos que las especies más comunes de Zaire (66,6 %) y Sudán (48,5 %), resumió la BBC. Indican que no existe una vacuna aprobada para el Bundibugyo, ni fármacos específicos para el Ébola, lo que dificulta su tratamiento.
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Se conocen tres virus diferentes que provocan esta grave enfermedad, capaces de causar brotes importantes de Ébola: el virus del Ébola, el virus del Sudán y el virus de Bundibugyo. En brotes anteriores, la tasa de letalidad ha oscilado entre el 25 % y el 90 %. Un tratamiento de apoyo intensivo y temprano, en particular la rehidratación y el tratamiento sintomático, mejora la supervivencia. Igualmente es importante la prevención, el control de infecciones y la vigilancia de la enfermedad. Precisan del rastreo de contactos, los servicios de laboratorio, las prácticas funerarias dignas y de la organización social.
