Olvidar por qué se entró a una habitación, perder el hilo de una conversación o tener problemas ocasionales para concentrarse no siempre significa que el cerebro esté envejeciendo de manera inevitable. Algunos factores relacionados con el estilo de vida pueden afectar la salud cerebral, pero también existen evidencias de que ciertos cambios pueden mejorar cuando se modifican los hábitos.
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Una de las claves es la neuroplasticidad, la capacidad que tiene el cerebro para adaptarse, crear nuevas conexiones y reorganizar algunas de sus funciones. Esta capacidad continúa durante la adultez, aunque la recuperación depende de la persona y del grado de deterioro.

El consumo excesivo de alcohol es uno de los factores que puede afectar estructuras relacionadas con la memoria, como el hipocampo, además de asociarse con cambios en la materia gris y blanca. La buena noticia es que parte de estas alteraciones puede comenzar a mejorar después de abandonar el alcohol y continuar durante meses. En personas con dependencia, dejar de beber de manera repentina puede ser peligroso, por lo que debe hacerse con supervisión médica.
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El ejercicio también puede favorecer la salud cerebral. Investigaciones han encontrado que la actividad aeróbica regular puede aumentar el volumen del hipocampo, una región fundamental para la memoria. El entrenamiento de fuerza, por su parte, se ha relacionado con procesos que favorecen la neuroplasticidad y el funcionamiento cognitivo.

Dejar de fumar es otro cambio importante. El tabaco afecta los vasos sanguíneos, favorece la inflamación y se ha relacionado con un menor volumen cerebral. Estudios recientes indican que las personas que abandonan el cigarrillo pueden experimentar una recuperación parcial de algunos cambios neuroquímicos y, a largo plazo, un deterioro más lento de la memoria y la fluidez verbal que quienes continúan fumando.
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La alimentación también desempeña un papel. El patrón conocido como dieta MIND, basado en alimentos como verduras de hoja verde, frutos rojos, cereales integrales, legumbres, frutos secos y pescado, se ha relacionado con mejores resultados en memoria y atención en algunas investigaciones.

Además, mantener el cerebro activo puede estimular la neuroplasticidad. Aprender un idioma, tocar un instrumento o desarrollar una habilidad nueva obliga al cerebro a establecer y reforzar conexiones.
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En conjunto, la evidencia apunta a una idea importante: llegar a la mediana edad no significa que sea demasiado tarde para proteger o mejorar la salud cerebral. Reducir el alcohol, dejar de fumar, hacer ejercicio, mantener una alimentación saludable y aprender cosas nuevas son medidas que pueden favorecer el funcionamiento del cerebro y, en algunos casos, ayudar a revertir parcialmente ciertos cambios asociados con malos hábitos.

