Un estudio publicado en Nature Metabolism encontró que una comida ultraprocesada puede provocar una respuesta de insulina más intensa y prolongada que una comida no ultraprocesada, incluso cuando ambas contienen cantidades similares de calorías, proteínas, grasas, carbohidratos, fibra y azúcar.

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La investigación incluyó a 57 adultos jóvenes con un peso saludable. Tras consumir los alimentos ultraprocesados, los participantes presentaron mayores niveles de insulina y utilizaron menos carbohidratos como fuente de energía. Los investigadores también observaron cambios en la actividad de algunas áreas cerebrales relacionadas con la valoración y las señales asociadas a los alimentos.

El estudio es relevante porque permite analizar el efecto del procesamiento de los alimentos con mayor control que las investigaciones basadas únicamente en hábitos alimentarios. Sin embargo, sus resultados no demuestran que una comida ultraprocesada cause enfermedades ni permiten conocer sus efectos a largo plazo.

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Los científicos plantean que factores como la estructura del alimento, los aditivos y los procesos industriales podrían explicar parte de las diferencias observadas.

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Los investigadores señalan que serán necesarios estudios más prolongados para determinar si estos cambios metabólicos y cerebrales se mantienen con el consumo habitual y si están relacionados con problemas como obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares.