El baño de pies con sal gruesa y aceite de oliva se ha convertido en un remedio casero popular por sus efectos relajantes e hidratantes. Esta práctica consiste en sumergir los pies en agua tibia con dos o tres cucharadas de sal gruesa o marina para ayudar a eliminar impurezas, suavizar las durezas y aliviar la sensación de cansancio.

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Después del baño, se recomienda secar bien los pies y aplicar una pequeña cantidad de aceite de oliva mediante un masaje. Gracias a su contenido de vitamina E, ácidos grasos y antioxidantes, este aceite contribuye a hidratar la piel, mejorar su elasticidad y fortalecer la barrera cutánea, ayudando a prevenir la resequedad, especialmente en los talones.

Aunque muchas personas reportan pies más suaves y una mayor sensación de bienestar tras incorporar este hábito, los especialistas recuerdan que se trata de un complemento para el cuidado diario y no de un tratamiento médico.

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También se aconseja realizar una exfoliación suave una vez por semana para eliminar células muertas, evitando productos agresivos que puedan irritar la piel.

Este método no está recomendado para personas con heridas abiertas, ampollas, infecciones o piel muy sensible. Asimismo, quienes padecen diabetes o problemas de circulación deben consultar con un profesional de la salud antes de adoptar este tipo de cuidados caseros.

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Los expertos explican que la piel de los pies tiende a resecarse porque posee pocas glándulas sebáceas y soporta el peso del cuerpo de forma constante. El uso de calzado inadecuado, caminar descalzo con frecuencia, el clima seco y los baños con agua muy caliente también favorecen la aparición de grietas y callosidades.

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Si el dolor en los pies persiste, aparece inflamación, pérdida de sensibilidad o heridas que no cicatrizan, es importante acudir al médico, ya que estos síntomas pueden estar relacionados con afecciones que requieren tratamiento especializado.