El accidente cerebrovascular (ACV) es una emergencia médica en la que un vaso sanguíneo en el cerebro se rompe, provocando la muerte de células cerebrales. Según expertos en salud, este escenario puede presentarse a raíz de ciertos medicamentos, especialmente cuando se consumen de forma prolongada o sin supervisión médica.

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Aunque los fármacos señalados suelen ser necesarios y efectivos para tratar distintas enfermedades, los especialistas advierten que pueden alterar la coagulación, elevar la presión arterial o favorecer la formación de coágulos.

También aclaran que esto no significa que todas las personas sufrirán un ACV por consumirlos, pero sí aumenta en pacientes con hipertensión, diabetes, tabaquismo, colesterol elevado o antecedentes cardiovasculares.

5 medicamentos que aumentan el riesgo de ACV

1. Anticoagulantes

Los anticoagulantes como warfarina, rivaroxabán, apixabán o dabigatrán son medicamentos utilizados para prevenir trombos y embolias. Son frecuentes en personas con fibrilación auricular, problemas cardíacos o antecedentes de coágulos.

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Sin embargo, si la sangre pierde demasiada capacidad de coagulación, aumenta el riesgo de hemorragias internas, incluyendo sangrado cerebral, uno de los tipos más peligrosos de ACV, señala la Asociación Americana del Corazón (AHA).

El riesgo puede elevarse cuando el paciente mezcla estos medicamentos con alcohol, antiinflamatorios o suplementos sin autorización médica.

Por eso, quienes toman anticoagulantes deben realizar controles periódicos y vigilar síntomas como dolores de cabeza intensos, mareos repentinos o problemas para hablar.

2. Antiinflamatorios comunes

Medicamentos muy conocidos como ibuprofeno, diclofenaco o naproxeno pertenecen al grupo de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs). Aunque suelen utilizarse para aliviar dolores musculares o inflamación, algunos estudios los han relacionado con un mayor riesgo cardiovascular cuando se consumen en altas dosis o durante mucho tiempo, apunta Mayo Clinic.

Estos fármacos pueden elevar la presión arterial, afectar el funcionamiento de los vasos sanguíneos y aumentar la probabilidad de formación de coágulos. El peligro es mayor en adultos mayores y en personas con hipertensión o enfermedades cardíacas previas.

3. Anticonceptivos hormonales

Las píldoras anticonceptivas que contienen estrógeno también aparecen entre los medicamentos asociados con mayor riesgo de ACV isquémico, especialmente en mujeres fumadoras o mayores de 35 años.

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El estrógeno puede favorecer la formación de coágulos sanguíneos, aumentando las probabilidades de obstrucciones en arterias cerebrales. El riesgo se incrementa todavía más cuando existen antecedentes familiares de trombosis, migrañas con aura, obesidad o hipertensión arterial.

Por esa razón, los ginecólogos suelen evaluar cuidadosamente el historial clínico antes de indicar anticonceptivos hormonales.

4. Antiagregantes plaquetarios

Medicamentos como la aspirina o el clopidogrel ayudan a evitar la formación de trombos y suelen utilizarse para prevenir infartos y ACV en pacientes de riesgo.

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No obstante, al dificultar la coagulación, también pueden aumentar las probabilidades de hemorragias cerebrales en algunas personas, sobre todo si se combinan con otros anticoagulantes o si existen problemas de presión arterial mal controlada.

Los especialistas recomiendan nunca automedicarse con aspirina diaria sin indicación médica.

5. Tratamientos oncológicos

Algunos medicamentos utilizados en quimioterapia y tratamientos dirigidos contra el cáncer pueden afectar el sistema vascular y aumentar el riesgo de eventos cerebrovasculares.

Fármacos como bevacizumab o lenalidomida pueden alterar la circulación, favorecer la hipertensión o modificar procesos de coagulación.

En estos casos, los médicos suelen realizar seguimiento cardiovascular constante para detectar cualquier complicación a tiempo.

No suspendas ningún tratamiento sin consulta médica

Los expertos recomiendan informar siempre al médico sobre todos los medicamentos y suplementos que se consumen, incluso los de venta libre.

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Además, es importante controlar la presión arterial, evitar el tabaquismo, mantener actividad física y acudir rápidamente a urgencias si aparecen señales como dificultad para hablar, pérdida de fuerza en un lado del cuerpo, mareos repentinos o alteraciones visuales.

Asimismo, médicos y neurólogos insisten en que ningún tratamiento debe iniciarse, suspenderse o modificarse sin control profesional. La idea no es reducir un riesgo para aumentar otro.